Tercer adelanto (Así no me puedes tener)


—Y, usted, ¿quién es? —quiso saber el detective Walsh.

—Soy un amigo de ambos, vamos a la misma universidad. Él es mi compañero de apartamento y, cuando él no la puede acompañar a esos barrios, lo hago yo, pero... nos quedamos jugando a la PlayStation y bebiendo algunas cervezas. De todos modos, nos aseguró que había quedado con otros chicos que también colaboran con el refugio, y que no iría sola.

—¿Cuándo fue la última vez que la vio? —se dirigió a mí nuevamente

—Anoche... No, ha sido... esta mañana, cuando se iba a clase y se ha despedido de mí con un beso. —Me palpé los labios, porque recordé que ni siquiera había abierto los ojos para mirarla, así que ni siquiera sabía cómo iba vestida—. Yo entraba más tarde a mi primera materia del día, así que no salimos juntos de casa; Stacey se queda casi siempre a dormir conmigo. Mi compañero y yo tenemos alquilado un apartamento cerca de la universidad.

»Luego hemos hablado por teléfono, antes de que saliera de su dormitorio en el campus, en el patio Colonial. Me ha dicho que estaba esperando a una amiga, a Maritza, para reunirse con los demás e ir al refugio.

—¿Dónde queda ese lugar al que se refiere?

—Hoy le tocaba ir al Albany House, en Clifton Park.

—¿Tiene idea de qué podía estar haciendo en Pine Hills? Allí es donde ha sido encontrada.

—¿Eh? No, ella no iría para ese lado por voluntad propia, sabe que no es un área segura. Estaba al corriente de que últimamente ha habido varios crímenes en esa zona. Además, le digo que se dirigía a Clifton Park —insistí—. No hay ninguna razón para que fuera para allí. —Me apreté la cabeza, sentía que me iba a estallar—. Mierda... mierda... Sabía que este empecinamiento de ayudar a los pobres la iba a meter en problemas.

Oí cómo se abría la puerta y, de inmediato, me giré para encontrarme cara a cara con el médico.

—¿Quién pregunta por la paciente Hamilton?

—Yo, soy su novio —me anuncié, ansioso.

—¿Hay algún familiar directo con usted?

—Ella no tiene familia —le expliqué rápidamente—. Creció en hogares de acogida; soy su familia, soy su prometido.

—Entiendo.

El gesto contrito del doctor me indicó que lo que me iba a decir no era nada bueno; tengo el don de leer a las personas, así que, cuando comenzó a hablar, me di cuenta de que no estaba equivocado.

El panorama que me estaba describiendo no era para nada alentador. Después de que me detallara su estado, me informó de que una enfermera vendría a por mí para que pudiera verla.

—Esto no puede ser cierto... Amigo, dime, por favor, que es una puta pesadilla y que estoy a punto de despertarme.

Mi compañero me abrazó y masajeó mi espalda mientras yo lloraba contra su pecho; me sentía destrozado y no me importaba mostrarme roto.

Tras hablar con el médico y que me pusiera al tanto, ya no pude centrar más mis pensamientos, por lo que fue imposible que continuara hablando con los detectives. Lo único que en ese momento me importaba era que ella se recuperase de todas las atrocidades que le habían hecho. Me negaba a cualquier otra posibilidad, incluso, aunque me lo acababan de comunicar, me negaba a pensar que era cierto que alguien se había ensañado tanto con ella.

«Dios mío, siento que me volveré loco.»

En cuanto me permitieron pasar, entré en la habitación, me sequé las lágrimas con la parte de atrás del brazo y me acerqué a su cama. Estaba irreconocible... Su rostro era una mezcla indefinida de golpes y moratones. Se veía terrible, mucho peor de lo que me había dicho el médico, o de lo que me había imaginado; literalmente, no parecía ella, puesto que su piel siempre era tan tersa, transparente y perfecta...

Una implacable oleada de pánico recorrió mi interior. Ver a alguien a quien amas en ese estado produce una sensación similar a que alguien estuviera arrancándote todos los huesos del cuerpo.

Me volví a secar las lágrimas y tomé su mano. No había llorado de esa forma desde que era un crío, y eso fue contadas veces, puesto que no se me estaba permitido flaquear, así que hacía tanto tiempo que ni siquiera lo recordaba.

—Lo lamento —oí la voz del doctor que minutos antes había salido a hablar conmigo, y que se acercó para hacer algunas comprobaciones en Stacey mientras se dirigía a mí—. Como le he dicho, las lesiones son irreversibles; no hay esperanzas para ella. Me alegro de que haya podido llegar pronto, no sé cuánto más resistirá.

Seguí con la vista fija en ella e intenté convencerme de que no podía ser cierto... Stacey y yo teníamos tantos planes, tanto tiempo por delante... Quería que abriese los ojos y me mirase; quería que su misteriosa mirada color café me volviera a enamorar como cada día que la miraba a los ojos, como cada vez que le hacía el amor y sentía que era todo lo que necesitaba ver para ser feliz.

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