Segundo adelanto (Así no me puedes tener)


—Lo comprendo —me respondió ella—, pero es crucial para la investigación... Verá, las primeras horas son muy importantes para reconstruir todas las piezas que nos permitan atrapar al o los culpables, así que, cualquier dato que nos pueda aportar, puede ser muy significativo para dar con el paradero de quien la agredió.

Asentí con la cabeza, pero no estaba nada convencido. La pura realidad era que no podía centrar mis pensamientos; además, yo no estaba con ella en el momento del ataque, así que no sabía en qué podría ayudarlos.

«¡Maldición! —Me toqué la frente y, sin pronunciar palabra, comencé a cavilar—. La he dejado sola por un estúpido juego a la Play con mi compañero de piso. Soy un jodido idiota. Soy una mierda de novio, un despreocupado. Sé perfectamente que los barrios a los que va a repartir comida para los indigentes son peligrosos, por eso siempre la acompaño, pero hoy he desistido de hacerlo. Me ha asegurado que no iría sola, que se juntaría con los del grupo. Incluso la he llamado y me ha dicho que estaba esperando a Maritza y que se reunirían con los otros chicos voluntarios de los dos refugios a los que asistimos.»

—¿Dónde está Maritza? —le pregunté al oficial Walsh—. ¿Y... Ben, Harold, Grace, Alice? ¿Ellos están bien?

—No sé de quiénes me habla. El hombre que la ha encontrado nos ha dicho que ella estaba sola.

—¿Quiénes son esos a los que ha nombrado? —me planteó la mujer.

—Son... son amigos con los que hacemos caridad. Stacey ayuda a todos los que lo necesitan. Es la mejor persona que he conocido en la vida, es tan buena y desinteresada... que no hay nadie que quisiera hacerle daño. Yo... la he dejado sola. No estaba con ella; siempre la acompaño, pero...

La culpa me carcomía, había sido un imbécil otra vez. Yo no tenía su alma caritativa, y por eso nunca fallaba en ser un gilipollas y esa vez me había lucido al dejarla ir sola.

«Oh, Dios mío, ahora entiendo eso que dicen que hay que vivir cada minuto porque no sabes cuándo puede ser el último, pero creí que por un día que no fuera escoltada... eso no sería así.»

Mesé mi pelo y suspiré dramáticamente; no me podía creer todo lo que estaba pasando.

—Mierda, el médico no sale, necesito verla.

—Señor, ¿puede decirme cuándo vio por última vez a su novia? Acaba de decir que siempre la acompaña, ¿por qué no estaba con ella hoy?

—Porque estaba conmigo.

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