HUELES A PELIGRO (lee en exclusiva un fragmento de mi nueva novela) Lanzamiento 29.11.16


Hueles a peligro

Fabiana Peralta

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47.

Diseño de la cubierta: Zafiro Ediciones / Área Editorial Grupo Planeta

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© fotografía de la autora: archivo de la autora

© Fabiana Peralta, 2016

© Editorial Planeta, S. A., 2016

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Los personajes, eventos y sucesos presentados en esta obra son ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o desaparecidas es pura coincidencia.

Primera edición: noviembre de 2016

ISBN: 978-84-08-16281-0

Conversión a libro electrónico: Víctor Igual, S. L. / www.victorigual.com

Volens, est quod supponatur habere non possis.

Volens quamvis omne et omnes, quia cor est capricious et non intelligit rationes.

Querer lo que se supone que no puedes tener.

Quererlo a pesar de todo y de todos, porque el corazón es antojadizo y no entiende de razones.

Fabiana Peralta

1

Adriel Alcázar, médica de Urgencias de uno de los hospitales más reconocidos de Nueva York, jamás faltaba a su palabra; no obstante, ese día estaba más que tentada de hacerlo.

Eran pasadas las seis de la tarde y por fin había terminado su turno en el trabajo; su cuerpo demandaba a gritos descanso, porque realmente había sido una semana muy intensa, con guardias que parecían inacabables y días eternos en los que no paraban de presentarse urgencias; pero, a pesar de desear infinitamente llegar a su casa, derrumbarse en su cama y sólo dormir y dormir, sabía que, de momento, eso no era posible.

Caminaba con desgana y bastante malhumorada; tenía claro que no podía eludir el compromiso que su mejor amiga le había impuesto. No le apetecía asistir a esa fiesta, pero Amber le había hecho prometer que la acompañaría. Su amiga, de profesión abogada, se encontraba en una etapa de entusiasmo evidente con su nueva conquista, y estaba empeñada en que conociera a quien por esos días le quitaba el sueño y la tenía como abeja revoloteando en torno al panal. Hacía exactamente dos semanas que la joven, de forma insistente, se encargaba de recordárselo a diario; la última vez había sido ese mediodía, a través de una llamada telefónica durante la hora del almuerzo, por si acaso se le ocurría echarse atrás.

Adriel marcó su salida en la ficha de empleada y se dispuso a alzar el vuelo.

—Adiós, Margaret, nos vemos el lunes —se despidió de la joven recepcionista del hospital, mientras buscaba en su bolso las llaves del coche.

—Trate de descansar; el lunes no la quiero ver con esas ojeras que deslucen el aguamarina ahumado de sus cristalinos ojos.

—¿Tan mal me veo?